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sábado, 16 de octubre de 2010

EASY RIDER 1971

Acerca de la película Easy Rider

(Título local: Busco mi destino) (Traducción literaria “cómodos motociclistas”), cuyo guión pertenece a Peter Fonda, Dennis Hopper y Terry Southern. Director Dennis Hopper. Producida en el año 1969 (La vi en Córdoba en 1971)[1]

Actores Peter Fonda, Dennis Hopper, Jack Nicholson, Karen Black.

Escena que sucede después de haber salido pacíficamente de un sitio para comer donde hablaban mal de ellos. Se ubican en las afueras de Nueva Orleans para dormir en el campo bajo la protección de las estrellas.

Se produce el siguiente diálogo entre Jack Nicholson y Dennis Hopper;

-JN: Antes, antes este era un país agradable. No se que es lo que habrá pasado.

-DH: mmm... es que todo el mundo tiene miedo. No podemos entrar en un hotel de segunda y menos en un motel de segunda. Bueno, o sí; creen que les vamos a degollar. Tienen miedo.

-JN: no les dan miedo ustedes, les da miedo lo que ustedes representan para ellos

-DH: Ah, sí. Lo que representamos para ellos es que necesitamos un poco de dinero.

-JN: No, no, lo que representan para ellos es la libertad.

-DH: Y que tiene de malo la libertad; todo el mundo la quiere.

-JN: Sí, desde luego, todo el mundo quiere ser libre, sí. Pero una cosa es hablar de ello y otra muy diferente es serlo. Es muy difícil ser libre cuando te compran y te venden en el mercado. Claro que no les digas jamás que no son libres, porque entonces se dedicarán a matar y a mutilar para demostrar que lo son. Sí, sí, están todo el día dale que dale con la libertad individual, y ven a un individuo libre y se cagan de miedo.

-DH: Pues el miedo no les hace huir.

-JN: No, el miedo les hace muy peligrosos.

-DH: Tienes razón.

Después se duermen; cae de noche la pandilla del bar munidos con palos para atacarlos mientras descansan golpeándolos con alevosía hasta que le dan muerte a Jack Nicholson (en el papel de un hijo adinerado, abogado, que se les ha unido a los otros dos para escapar de su ciudad, su familia y la mediocridad de la vida pueblerina. Allí encuentra la muerte.)

Después los dos libres motociclistas siguen su camino pacíficamente hasta que un granjero les descerraja un escopetazo en el corazón a Dennis Hopper y luego a Peter Fonda para que no queden testigos de su asesinato. Los miedos de la sociedad son peligrosos contra los espíritus libres; libres realmente.

NOTA (1) Esta película tuvo gran influencia entre los jóvenes de nuestra generación. Llegó a ser reconocida como importante por aquellos que, como yo, pensábamos pluralmente; no así las mentes sectarias, de morales revolucionarias o religiosas. Como he tratado de ser un individuo libre, he despertado ese mismo temor en mucha gente, lo cual me ha hecho pasar por más de una situación de peligro o de discriminación por culpa de esos sujetos moralistas, totalitarios, discriminantes, que estaban por todas partes. Aún hoy tengo ejemplos de personas necias que sienten miedo por lo que digo o hago.

©Gustavo Ceballos oct. 2010



viernes, 1 de octubre de 2010

HISTORIAS MÍNIMAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA

Historia de las medidas

La vara de Castilla y sus múltiplos y submúltiplos.

Los sistemas de medidas habían sido hasta la llegada de la modernidad y el tipo de pensamiento científico organizado como un conocimiento particularizado, por medio del uso de medidas que fuesen fácilmente aplicables por cualquier persona a la que se le encargaba la tarea de abrir un camino, o construir un edificio. No existieron hasta fines del siglo XVIII planos hechos en forma específica para la construcción en obras de Arquitectura o de Ingeniería. El procedimiento venía siendo aplicado por medio de normas escritas en las que podía existir algún bosquejo que marcaba solo líneas de intención, salvo en los casos de los artistas que estaban involucrados en las obras, que sí hacían bosquejos de las obras que servirían como elementos decorativos de los edificios.

Las medidas utilizadas se determinaban por medio de medidas referidas al cuerpo. Pie, mano abierta, brazo extendido, torso, etcétera. En nuestro caso, los españoles contaban con un sistema de medidas que usaba los dedos, la mano abierta medida desde el extremo del pulgar al extremo del meñique; esta medida se llamaba cuarta, porque coincidía en una cuarta parte con la medida conocida como “vara”, que era la medida que se establecía entre la mano colocada sobre el pecho con el brazo plegado en su codo, puesto el brazo en forma horizontal. Se tomaba un cordel entre los dedos pulgar e índice y luego se desplegaba el brazo hasta estirarlo por completo. La soga era mantenida en el punto de partida con la otra mano y se la hacía correr hasta que el brazo se estirara. Una vez hecha la operación, se marcaba la soga con un nudo donde había quedado en la mano izquierda y esa era la medida de la “brazada” o “vara”. Luego ésta medida debía coincidir con cuatro palmos y con tres largos de pie. Medidas todas aportadas por una persona de altura “normal”, típica, o estándar entre el grupo de personas seleccionadas para tomar las referencias. Luego la persona seleccionada tenía la responsabilidad de llevar sus “medidas” corpóreas en buen estado para ser las útiles para construir. En España, con la lucha de reconquista y como aún no se había establecido un sistema de gobierno unificado cuando se fue conquistando el continente americano, el representante de las medidas era un sujeto seleccionado por el jefe expedicionario según las características y normas que le habían sido instruidas con arreglo a las normas de su procedencia. Es por eso que las construcciones de la época de La Colonia, difieren siempre en algunos centímetros según el modelo humano adoptado. En nuestro país el primero que pensó en averiguar las razones por las cuales se disponía de aquél sistema fue Domingo Faustino Sarmiento, quien estableció una comisión para que estudiase el sistema imperante y la posibilidad de establecer un sistema propio. De aquellas elucubraciones surgió el sistema de “varas argentinas”, que se valió de los mismos criterios anteriores, pero se modificaron en pequeñas cantidades de acuerdo a los modelos humanos empleados, que al parecer eran un poco más altos que los hasta entonces usados.

Aunque el sistema métrico decimal, basado en un criterio científico de exploración del mundo y la geodesia, que tomó una subdivisión de la línea del Ecuador, no se implementó en nuestro país hasta unos años después del sistema de Sarmiento. Como el modelo anterior se basaba en un biotipo humano que podía fallar de acuerdo a las regiones, se tomó la decisión de asimilarse y adherir al sistema métrico decimal implantado por Francia.

SOBRE LAS MEDIDAS

Pitágoras – que probablemente durante sus viajes entró en contacto con las reflexiones matemáticas de los egipcios – es el primero en sostener que el principio de todas las cosas es el número.

Filolao (siglo V a. C.)

Fragmentos de los presocráticos, D44B4 Todas las cosas que se conocen tienen un número: sin el número no sería posible conocer o pensar en nada.

Pitágoras (Siglos VI –V a. C.) de Vida de los filósofos. De Diógenes Laercio: La virtud es armonía y también la salud y cualquier bien y la divinidad. Por consiguiente, también todas las cosas están formadas según armonía.

Teón de Esmirna (Siglos III – I a. C.) Fragmentos de los presocráticos, D 47 A 19a. Euxodo y Arquitas consideraban que las relaciones que constituyen los acordes se podían expresar en números: y pensaban que tales relaciones consisten en movimientos, y que el movimiento rápido da el sonido agudo como el que bate el aire continua y rápidamente, y que el lento da el sonido grave, como el que es menos veloz.

Teón de Esmirna (Siglos III – I a. C.) Fragmentos de los presocráticos, D18A13. Laso de Herminio, según dicen, y el pitagórico Hipasos de Metaponto se servía de la velocidad y de la lentitud de los movimientos de los que derivan los acordes...Transfirió a los vasos estas relaciones numéricas. Dispuso dos vasos, ambos del mismo tamaño y de la misma forma, dejó uno completamente vacío y llenó el otro de líquido hasta la mitad: al golpear los dos al mismo tiempo obtenía el acorde de octava. Y dejando de nuevo uno de los vasos vacío y llenando el otro sólo la cuarta parte, haciéndolos sonar obtenía el acorde de cuarta, y luego el acorde de quinta llenando la tercera parte, porque la relación de los vacíos era en la octava de dos a uno, en la quinta de tres a dos y el la cuarta de cuatro a tres.

Buanaventura de Bagnorea (Siglo XIII) Itinerarium mentis in Deum, II, 7. Todas las cosas son, por tanto, bellas y en cierto modo agradables; y no hay belleza ni deleite sin proporción, y la proporción se halla en primer lugar en los números: es necesario que todas las cosas tengan una proporción numérica y por consiguiente, “el número es el modelo principal en la mente del Creador” y el rastro principal que, en las cosas, conduce a la sabiduría. Ese rastro, siendo evidentísimo a todos y cercanísimo a Dios, nos conduce, por así decir, a Dios por medio de sus siete diferencias y nos lo da a conocer en todas las cosas corpóreas y sensibles, mientras aprendemos experimentamos deleite en esa proporción numérica y juzgamos de manera irrefutable en virtud de las leyes que la regulan.

Boecio (480-526) De música, I, 1. Nada es más propio de la naturaleza humana que abandonarse a los dulces modos y ser irritada por los modos contrarios; y esto no se refiere solo en los individuos a ciertas inclinaciones o a ciertas edades, sino que afecta a todas las tendencias; los muchachos, los jóvenes y hasta los viejos se ven afectados de forma tan natural y tan espontánea por la música que puede decirse que ninguna edad es ajena al placer del dulce canto. De ahí que se reconozca que con razón dijo Platón que el alma del mundo fue compuesta con conveniencia musical. En efecto, puesto que por lo que está convenientemente armonizado en nosotros percibimos en los sonidos lo que está armónicamente compuesto y con ello nos deleitamos, comprendemos que nosotros mismos estamos hechos a semejanza de esto. Amiga es, en efecto, la semejanza; odiosa y contraria es la disparidad.

Gustavo Ceballos (1951- ¿?) Medidas: Números divinos. Cap.6.

La ideación de las medidas es una invención humana que, en la época en que fue concebida, fue considerada tan perfecta como para hacer creer a los hombres que eran Dioses, o al menos muy cercanos a él o ellos y por lo tanto una vida compuesta en forma de acercarse a dicha perfección podría llegar a ser la virtud por medio de la cual comprobar que “Dios creo al hombre a su imagen y a su semejanza”.

Jorge Luis Borges. La Biblioteca de Babel. (Ficciones 1944) La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

Gustavo Ceballos (1951- ¿?) La arquitectura en el mundo Borges. Por medio de la descripción del edificio que alberga la Biblioteca se puede conjeturar acerca de su posible materialización: una sucesión interminable de pasillos hexagonales con centros aireados, a través de los cuales se pueden observar los distintos niveles y todos los otros espacios similares. Sólo uno de los lados del hexágono está abierto, ya que por él se comunica a través de un zaguán con otro cuerpo similar. Los cinco lados restantes del hexágono están cubiertos de anaqueles donde se encuentran los libros. En el zaguán - el pasillo -, se ubica la gran escalera helicoidal que une los niveles y dos pequeños cuartos, - cubículos -; uno para poder dormir parado y otro para "lugares comunes". En una pared del espacio intermedio, un espejo que multiplica y refleja las dualidades.

Borges, el geómetra, (Se encontraba en Reykiavik, cuando al tratar de reconocer la habitación del hotel - ya en su penumbra- se dio con una gruesa columna que con gran esfuerzo pudo abrazar hasta unir sus manos. Contó luego, que durante un instante sintió el goce de estar en presencia de algo casi arquetípico, y que recordó con felicidad el momento en que le fueron reveladas las formas puras de la geometría euclidiana: el cilindro, el cubo, la esfera, la pirámide, conceptos universales, inmortales.) Sabía que una esfera sólo puede macizarse por medio de hexágonos. Esta entidad geométrica es la única que sola puede armar una trama compacta de espacio bidimensional, condición a la que se le agrega la característica de poder curvarse sin perder compacidad hasta formar una esfera. Característica que no le cabe más que al triángulo equilátero - que es una sexta parte del hexágono - y al hexágono. Aunque puede macizarse el espacio con la combinación de más de una entidad geométrica, como el octógono y el cuadrado, el cuadrado y el triángulo, la única que lo puede hacer sola estructuralmente, formando una esfera perfecta, es el hexágono. Como buen estudioso y sintiéndose uno más de los arduos alumnos de Pitágoras, Borges proyectó el edificio tomando como base a una trama hexagonal, donde el espacio que denomina zaguán - único nombre “razonable” para un paso intermedio entre dos espacios -, es, por deducción también hexagonal, ya que sólo así se podría macizar la circunferencia. En él se adaptan la escalera helicoidal y en el centro remanente los cubículos enfrentados y el espejo que refleja por transparencias y por multiplicidad a los espacios de los otros niveles infinitos.

Estructuralmente la esfera se puede construir por medio de la superposición de tramas hexagonales, las que se van cerrando hacia un centro, y en ese proceso, muchos de los niveles deben, forzosamente, acabar en un punto sin salida, mientras otros continúan hacia un centro, otro. Esta visión estructural coincide absolutamente con la idea del laberinto, donde cabe lo especular, así como la imposibilidad de llegar al centro, o abarcar la circunferencia de la esfera, porque así lo dicen las leyes de la geometría.

Para intentar explicar la Arquitectura del mundo Borges, habrá que dilucidar los criterios sustentados. Por una parte están los correspondientes al campo proyectual - la idea -, por otra los relativos a su factibilidad constructiva, su forma, su credibilidad. Sabemos de su conocimiento y respeto por las leyes de la geometría. En igual medida que los tenía por las identidades, las preexistencias, lo memorable.

Esto sugiere el equilibrio entre los basamentos teóricos para la ejecución de los volúmenes, las cosas, - como un edificio, una casa, un puente, una taza, que se basan en leyes que son pura ficción (Abstracción) -, con los materiales empleados. De esa manera el resultado tendrá continuidad; podrá relacionarse; será legible como parte y conjunto.

Así y solo así será verídico: “La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen de un número infinito de planos; el hiper volúmen, de un número infinito de volúmenes....No, decididamente no es éste more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico”. (El libro de arena)

“...podríamos inferir que todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un “contenido” conjetural. Esto concordaría con la tesis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación que no se produce, es, quizás, el hecho estético”. La muralla y los chinos.

Un centímetro, una Vara, unas palabras

Entre las quintas y séptimas décadas del siglo pasado, las medidas sufrieron un abrupto cambio en nuestro país. Algo que aparece como fútil o vano, enciende una serie de pensamientos acerca de diversas trascendencias que trae aparejada dicho cambio.

El mundo de las medidas corporales

Desde que el hombre necesitó comunicarse, lo hizo por razones de intercambio. Sea comercial, sexual, emotivo. El lenguaje surgió por la necesidad del intercambio. Emisor y receptor son partes indispensables del intercambio. No existe posibilidad de semiótica sin éste intercambio. No existe posibilidad de Comunicación sin él. Tan es así que hasta se ha llegado a aseverar (Por los “especialistas”), que la comunicación es la cultura. Que el discurso (Según Michel Foucault) es un sinnúmero de prácticas que revelan la cultura del momento; o sea, su Historia.

Mano, brazo, paso, pie, fueron tenidos en cuenta desde un principio como elementos generadores de medidas. Desde el principio de las agrimensuras esto fue así.

En el siglo XVII, cuando la ciudad de Córdoba fue fundada - como un simple campamento - , que después por acción de algunos hombres se convirtió en aldea y luego en ciudad irreemplazable para la geopolítica del Virreinato, las medidas eran tomadas por cordel y vara.

Dicha medida se basaba en la distancia que existe entre el brazo extendido y el pecho de un regular. Por ello las Varas de Cataluña variaban de las de Castilla o las de Aragón. La diferencia, por supuesto era infinitesimal. Sin embargo existía una grande divergencia.

El uso de las medidas para determinar una legación, una Orden Real para la ocupación de un sitio, se definían en base a brazadas enfrente a un río. En Varas tomadas en base al criterio del fundador y su origen. Por ejemplo, en la Ciudad de Córdoba, los primeros en ser beneficiados por legación estaban ubicados a la vera del Río de San Juan. La forma de medir dichas tierras expresadas en Varas era posicionarse en “cabezadas” sobre el río: esto significaba ubicarse en situación perpendicular al río; aún en sus curvas. Con esta forma la concesión de tierras devengaron numerosos problemas posteriores y juicios que demandaron en siglos posteriores la necesaria dedicación para deslindar los límites de las propiedades. Sin embargo, las medidas usadas fueron las Varas, los pies y los palmos hacia una escala inferior y cuadra y legua hacia arriba.

En la Ciudad de Córdoba, por su fundador y su origen en Castilla, se utilizó la Vara de Burgos:

SISTEMA DE VARAS DE BURGOS (sistema usado por Lorenzo Suárez de Figueroa, sucesor de Jerónimo Luis de Cabrera)

1 Pie geométrico= 0,278635 mts.

1 Vara 0,835905 mts. - 3 Pies

1 quadra 125,385750 mts. - 450 varas

1 legua 5.015,430000 mts. - 40 quadras

El procedimiento para determinar estas medidas estaba perfectamente establecido. Se tomaban a varios sujetos de un tipo físico considerado el más habitual entre los comarcanos. Se les pedía que tomasen un cordel previamente anudado en un extremo, que colocaban entre los dedos índice y mayor, hacían pasar el cordel por la mano izquierda que estaba ubicada a la altura del pecho, por sobre el corazón. Se extendía el brazo derecho donde estaba el extremo del cordel hasta que el brazo quedara perfectamente extendido, mientras el cordel se deslizaba por la mano izquierda. Cuando se llegaba al final se marcaba el cordel en su saliente en la mano izquierda. Esa medida se verificaba con el largo del pie del sujeto que debía entrar tres veces en dicha medida. De ser así, era considerada como una proporción ajustada. Se hacía la misma verificación con los otros sujetos hasta encontrar una media entre todos ellos. Dicha medida se tomaba como la Vara de la comarca, su submúltiplo el pie, los palmos, dedos, etcétera. Se había comprobado que el método tenía una posibilidad de error muy pequeña, por lo que si el sujeto era de medidas “regulares” , era considerado el modelo para mantener el sistema de medidas de la comarca. Cada tanto se verificaba de nuevo esto para mantener los sistemas de medidas y de pesas para el comercio y las delimitaciones de propiedades.

En la fundación de Córdoba, las quadras tuvieron 440 pies, por decisión de Lorenzo Suárez de Figueroa.

En diversas mediciones efectuadas en edificios construidos en la época, se reflejan dichas medidas y se puede observar un estricto control de dicha métrica en todas las cosas producidas, así como en los espacios arquitectónicos ejecutados.

Cuando se confirmó la causa republicana, se desvarió entre los que pretendían seguir el lineamiento Francés y los preceptos de la Revolución Francesa. Entre una de tantas disposiciones instituyó, - de acuerdo a su Academia de Ciencias -, el sistema métrico decimal, que fue aprobado en el tercer Directorio. 1796.

Sin embargo, la situación en nuestro país revelaba una discrepancia política que poco tenía que resolver sobre temas “nimios”. Recién en 1866 se aprueba la creación de una medida “nacional”: La Vara Argentina: 0,8666 metros.

Con posterioridad y con escasos años de separación se estableció el uso del sistema métrico decimal como el sistema nacional de medidas en 1880. Es por eso que quedaron testimonios de la Vara Argentina en algunos emprendimientos inmobiliarios - los primeros de la Argentina - en san Telmo, donde los terrenos respetan dichas medidas.

En la Ciudad de Córdoba no se ha comprobado fehacientemente la utilización de la Vara Argentina. Por el contrario, la Vara Castellana fue extendida en la estructura edilicia de la urbe y de sus edificios. Así lo demuestran las calles y el damero de la fundación, así como las iglesias y conventos de la ciudad que responden a los siglos XVII, XVIII y XIX en cuanto le toco al Virreinato hasta 1810.

Los edificios respondían a un criterio renacentista en lo básico y a una resolución formal que se ha acordado en llamar barroco. Las medidas utilizadas fueron las que provenían de lo anterior. Aún cuando no se estaba en el centro del universo renacentista, sin embargo, se ejecutaron obras como la Iglesia de la Compañía de Jesús, la Catedral, el Salón De Profundis de San Francisco.

En este último caso es importante observar que las medidas tenían una importancia fundamental en el proyecto. Ancho y altura hasta el can similares. Teniendo en cuenta el pie de apoyo de la viga solera. Se estableció entonces un espacio de 25 pies de ancho por igual tenor de alto. Esto respondía a un espacio libre de 8 varas más un pie de incidencia para las vigas soleras de la estructura de techo, que estaba dispuesta para ser de 25 pies de base y 6 de alto. Todas las medidas se pueden comprobar y están en todas las partes del edificio: muros, ventanas, solados. Lo que se corrobora con los distintos claustros del Convento de San Francisco.

Lo mismo ocurre con El Cabildo y con la ciudad en general, hasta que se producen los primeros emprendimientos inmobiliarios de los años 1869/70. Pueblos General Paz y San Vicente.

Se puede observar que según el periodo de definición de la ciencia de acuerdo a los principios morales de la iglesia romana, los números podían reflejar a la belleza del ser divino, solo si eran tenidos en cuenta por su paridad, su equilibrio o el puro designio de la buena forma, que no era otra cosa que la forma investida por el dogma católico. La ciencia fue siempre el enemigo principal de la fe, porque a través de ella se podía descubrir las reglas de orden del universo, que para la Iglesia solo debían ser de disposición divina. Es por eso que los libros que fueron rescatados en España, tanto en alguna biblioteca judía, como en la de algún moro, así como una grandiosa que fue capturada de un barco árabe que comerciaba el contrabando en la zona costera del mediterráneo, fue secretamente dispuesta primero en Sevilla y después pasada a Bolonia en Italia, donde se la comenzó a estudiar. Entre aquellos libros se encontraron los de Abn – sina y de Abn – Roc, que hablaban de matemáticas astronomía y sobre el gran filósofo griego Aristóteles, el que había sido leído por los árabes por medio de la traducción de sus obras por Plotino, y con numerosas glosas de éste, por lo que la postura aristotélica estaba teñida de Platonismo. Después de su primer rechazo, fue adoptada por Santo Tomás para fijar los puntos más sólidos de la Teología cristiana en su debido momento.

© Arquitecto Gustavo Ceballos

Multicultura: LA SUPERVIVENCIA DE LA IDENTIDAD

Releyendo a Luis Vélez.

A pesar de los distintos procesos de aculturación a que ha sido sometido el espacio que habitamos, este sigue manifestando una identidad subyacente. A pesar del ejercicio constante sobre nuestro territorio de una práctica de dominación de relatos homogeneizadores, existe un fondo de permanencia, un sustrato arqueológico cultural que sobrevive.

Los periodos en que tozudamente se divide a la Historia, se corresponden a modos discursivos que tienen como forma de proceder un sistema que tiende a ser hegemónico para lograr superar al anterior sistema.

Estos procesos homogeneizadores se basan en el dominio de todos los espacios en que se desenvuelven las instituciones. Por una parte inciden sobre el espacio de localización de las mismas, o sea, sobre todo lo atinente a su materialidad. Por otra modifican su espacio de integración que es el conjunto de hábitos y prácticas por medio de las cuales las instituciones interactúan.

La institución domus, por ejemplo, está cobijada bajo un techo, sea este un árbol, una quincha, un cañizo, una ramada, un artesonado, una losa. Según el tiempo en el que se ubique a la institución, la disposición interna del ambiente o de los ambientes ha variado de acuerdo a las crisis que se han suscitado por la transición – abrupta o no- de un modo de producción a otro; de una práctica discursiva a otra; de una cultura mediante el dominio sobre otra.

Dato 1.- En las Crónicas del Perú, Cieza de León – fraile de la Orden de Asís -, relata las travesías por las selvas del Ecuador, de Venezuela y del Perú y de los horrores cometidos por los conquistadores de América. En capítulos menos testimoniales, más descriptivos, cuenta acerca de las formas de vida de los aborígenes, sus actividades y hábitos. Allí describe la forma de construir los techos de las casas de los aborígenes del Perú. Por medio de su relato y de estudios posteriores se desprende que la cubierta de techos de cañizo (Cañas atadas con tientos o mimbre según las zonas), colocado sobre una estructura simple de madera (palos) y cubierto con barro y paja, fue lo único que los conquistadores adoptaron como propio e incorporaron a su formación constructiva, porque a todo lo demás lo fueron extinguiendo, en la medida de sus posibilidades, a medida que lo conquistaban.

Dato 2.- En la historia sin documentar se dice que Alejo Godoy fue el primer gaucho: en el transcurso del año 1586 este soldado español a las órdenes de Garay, irrumpió en la plaza Mayor y al grito de “Muera Felipe Segundo”, espoleó su brioso corcel y con una guitarra en bandolera galopó hacia la pampa hasta desaparecer en el horizonte.

En algún lugar se mezcló con “la indiada” y al cobijo de alguna tapera de caña y barro se unió a un mundo nuevo, marginado de su cultura, partícipe del desarraigo, dio origen por su descendencia al mestizo, al criollo, al gaucho.

Dato 3.- Establecidos los campamentos de avanzadas de las distintas corrientes colonizadoras – sitios que luego, en muchos casos se convirtieron en ciudades como Córdoba -, se elegía al responsable para dominar a los aborígenes, quien debía trasladarlos a un lugar distinto y a mezclaros con otras naciones, para obligarlos al desarraigo y a su desnaturalización. Juan de Mitre fue uno de ellos en nuestro territorio, quien formó así, por órdenes del Rey, el pueblito de La Toma, adonde se acomodaron a Comechingones, Sanavirones, Quilmas, Guaycurúes, traídos de lejanas tierras. Para alojarlos les obligaron a construir ranchadas. Seleccionaron a los más dóciles y a estos los entregaron en encomienda a las familias de la ciudad y a cada Convento. En estos últimos se estableció un lugar especial para ellos: la Ranchería. Lugar que estaba construido con la técnica del tapial, con horcones, palos, cañizo y barro.

El estar en el mundo: Globalización/Multicultura

Un cauce de agua puede ser cruzado de distintas formas. Presentado el problema se podrá decidir una estrategia para sortear el escollo o acompañar el curso hasta encontrar un lugar apropiado para atravesarlo. En el primero de los casos, se enfrentará el cauce como un problema a solucionar, se buscará el punto más favorable para que la comunicación que se pretende sea directa y sobre dicha línea imaginaria se construirá un puente. En el otro caso, se reconocerán las riberas y se esperará hasta encontrar el sitio más favorable para vadear el curso de agua.

Las propuestas disímiles manifiestan formas de pensamiento dispares: en un caso se reconoce al problema río como un accidente geográfico, porque el que mira y observa lo hace suponiendo un plano horizontal de expansión, un nivel de desplazamiento favorable donde todo aquello que corte, interrumpa o dificulte el sentido del tránsito será un accidente. Esta forma de ver el mundo concebido como una sucesión de accidentes, supone un estar en el mundo en un sentido catastrófico.

En el otro caso, el sujeto reconoce un elemento de la naturaleza que tiene una forma y unas características particulares, entre las cuales se encuentran puntos de paso, posibilidades de navegación, cruces en el sentido de la corriente. Esta forma de observación supone un estar integrado a la trama de relaciones que es el mundo.

Las posiciones contrapuestas se han manifestado y lo siguen haciendo aún hoy cuando se coincide en que nos encontramos inmersos en un proceso de Globalización, que tiende a homogeneizar – dominar, expandir, inmovilizar -. Sin embargo, observamos que para el criollo, el gaucho, la domus sigue estando en el rancho. El horcón es un bien de familia que se pasa de una generación a otra porque es la herencia identificatoria de la estirpe. Fundado el rancho sobre restos de muros “indios”, se apoya la estructura en sus horcones para cerrar con adobe a la habitación y para dar sustento a la galería.

Para el aborigen, como para el criollo, el cauce de agua es su medio de vida. De él obtiene recursos para su subsistencia, línea de recorridos, abastecimiento para sí y para sus animales. El criollo trae una memoria genética de respeto y de reconocimiento de los cursos de agua. Construye cerca de ella pero no tan cerca como para no invadir territorio ajeno. No se muda de su lugar aunque le construyan al lado una vivienda de erradicación.

En la ciudad, mientras tanto, los marginados de esta cultura que propone la Globalización siguen reuniéndose cerca de un curso de agua; sea éste un río, un arroyo, una cañada, un canal o un pico de agua público. Construyen una domus entre paredes de chapa o de cartón, repitiendo una memoria de ancestros humildes soberanos aunque en la versión ingrata de la ranchería colonial.

© Gustavo Ceballos

Fue escrito en abril de 1999.

sábado, 25 de septiembre de 2010

PEQUEÑAS LUCES DE ALERTA EN LA CULTURA

La mujer ha perdido, como el hombre parte importante de su esencia.

En la lucha feminista por adquirir los mismos derechos civiles que los hombres, que es algo lógico y que corresponde, las mujeres no han sabido mantener en alto como bandera de lucha a la par de la primera, seguir manteniendo la diferencia que hace a su esencia femenina. En la lucha por obtener los beneficios que antes se les habían negado, dejaron olvidados ciertos caracteres que les hacían diferentes y que tenían mucha importancia para demostrar su sexualidad. La igualdad de derechos se ha torcido como muchas veces sucede a las formas de las libertades y no a su profundidad. La mayoría de los hombres no respetan a las mujeres no ya solo por considerarlas inferiores en muchos aspectos, sino que ahora tienen muchas más razones para aducir su desencanto de esas personas que siendo diferentes físicamente a los hombres son iguales en sus actitudes. Esto se observa claramente en la actitud de las jóvenes que se emborrachan a la par de sus amigos hombres, que atacan a las de su mismo sexo no solo con palabras sino con los mismos medios que lo hacen los hombres. La brutalidad, la imposibilidad de ver al otro que era solo patrimonio del machista ahora lo es también de las jóvenes mujeres que aún cuando no son declaradas feministas ni lesbianas, pretenden por la fuerza de su gritería o de su imposición violenta por medio de la fuerza de sus apetencias o deseos. En otras épocas, las mujeres eran las mejores para ubicarse en la posición del otro. Está bien, sí. Esa posición la habían aprendido por la fuerza debido a su sometimiento por el machista, pero esa actitud, le permitía ser las mejores en la educación, mientras que hoy día solo son unas representantes del sistema educativo venido a menos en su calidad, entre otras cosas, debido a que la mujer encuentra la docencia como un recurso económico, de empleo, y no por que sea una vocación de servicio no ya con un macho, sino con los niños. En otros aspectos, son tan groseras como un hombre descuidado en sus modales, es decir, salvo por que son diferentes sexualmente, no se puede detectar una diferencia fundamental en su femineidad. La han perdido. Por su parte, los hombres ante el cambio de situación han optado por tomar distintas posiciones. Unos siguen siendo machistas, pero no tienen ya territorio donde actuar; otros han aceptado con resignación el sitio que les ha quedado, manteniendo algunas características pero absorbidos por la situación y encaminados dentro de lo “políticamente correcto”, han perdido el carácter y la determinación sin rodeos del hombre, convirtiéndose en algo anodino, esa mezcla que deja muchos puntos vacíos en su calidad de hombre; aquél que era decidido, que se jugaba por una determinación, que tomaba bajo su responsabilidad el timón de una empresa, de un cuerpo, de una familia. Por último están los que en gran número se han ido acercando a lo formal y a una homosexualidad quizá reprimida antes, a un sitio intermedio donde han tomado actitudes para el cuidado personal, la atención a sus modales, la educación social para la conducta casi misógina, asexuada. En estos días por ejemplo no es raro proyectar casas donde se hacen dos “master bedrooms” con baños individuales y cambiadores para cada uno de los sexos de la pareja, por que el “hombre” puede llegar a tener más equipamiento de belleza que la mujer, más ropa, zapatos, artefactos de uso personal de alta tecnología que requiere de su bien determinado y preciso espacio.

Al final del camino, no ha conseguido la mujer lo que buscaba, pues sus banderas de lucha originales se han ido por los caños, y los hombres han resignado su “hombría” afeminándose mientras la mujer se masculiniza.

La diferencia que hacía fácil la distinción de los sexos, cada vez se ha ido borrando más y más; cuando lo bueno de la diferencia era que los opuestos biológicos hacía de la relación entre sexos una de las razones más de la existencia de la especie humana. ¿Otro achaque a la cultura del liberalismo en extremo? ¿Un mal entendido que puede ser corregido?

martes, 21 de septiembre de 2010

Lo bello en este momento.

La belleza ya no es apariencia sino emoción.

El valor atribuido a la belleza, es un valor cultural que se establece a través de un conjunto de circunstancias aportadas por las condiciones y pautas morales de la sociedad. Hoy día, como la necesidad primordial de la actividad mercantil es la captura de los mercados, lo bello está incorporado a los objetos de deseo. Aquellos bienes que por su posesión otorgan al poseedor un cierto “status” en el ámbito donde se desempeña, y por medio de los cuales será ubicado mejor en dicho espacio a fin de obtener mejores resultados en su actividad dentro del mercado. Lamentablemente no se habla hoy de una cultura determinada, sino de un mercado establecido y sus redes y pautas de comercialización. Las profesiones, por ejemplo, ciertas instituciones que habían estado desligadas de la actividad comercial, ya han debido caer en los mecanismos determinados por los mercados para desarrollarse.

Desde este punto de vista sucede que la percepción de lo bello tiene gran importancia para la apreciación del nivel de ubicación del individuo en el espectro mercantil en el que se encuentra. Como siempre sucede, la sociedad marcha por medio de hábitos institucionalizados mediante largos procesos que una vez legitimados son del todo conservadores con respecto a los sectores llamados vanguardia de la sociedad. Mientras el mercado y la “mercadotecnia” están aún regidos por la acumulación de capital en “apariencia”, hay una clara concepción de la belleza como estado emocional ya desligado de lo físico. Es otra forma más de desmaterialización que ha propuesto el hombre de la “globalización”.

La apariencia en la acumulación de capital

Sucede en este momento que la acumulación de capital es “aparente”, básicamente porque no hay apoyo de un valor real a la acumulación de la riqueza. Está sustentada en valores formales no físicos, como antes era el oro. Hoy se calculan los valores en promesas de pago de títulos de deudas privadas o públicas desmaterializadas y en muchos casos incobrables.

La tenencia de dichos papeles supone un equivalente a derechos reales sobre capitales volátiles que tienen cierto valor equivalente a alguna moneda de curso legal; en otros casos a acciones de empresas de distinto tipo de actividad. La sustentación del capital está ligada a promesas, a apariencias. De allí que la desmaterialización que ha provocado en todos los órdenes la globalización, o este proceso de liberalización de los mercados, ha impuesto en el caso de la belleza una corrida al campo de las emociones para explicar la belleza. No se entienden ya los preceptos académicos de bello y feo. Todo puede ser, si la emoción provocada es placentera, o aún no. Quizá lo bello se encuentre hoy ligado al placer. Placer burgués. Placer morboso. Placer sexual. Se han roto las barreras del pecado en una sociedad que ha creado en sus ídolos mediáticos a sus nuevos dioses. La iglesia es un objeto de cuidado patrimonial. No es un sitio de uso o de reunión. Es sitio de visita y de referencia académica para enseñar la historia.

Allí también la apariencia se destaca en la provisión de cierta moral dudosa, de numerosos casos de roturas de sus miembros más conspicuos, de sus representantes en los actos de la pasión que siempre trataron de dominar a través del temor a un posible castigo infernal.

Es importante destacar que el concepto de belleza como algo emocional, provocado por una percepción, indudablemente, es un paso que ha sido aportado por aquella generación, dentro de la cual me incluyo, que comenzamos a cuestionar los designios académicos sobre lo bello y lo feo, ligados a los preceptos morales religiosos. Luego, el capitalismo ha sabido, como siempre lo hace, tomar esos conceptos que en algún momento aparecieron como revolucionarios, contestatarios a sus propósitos mercantiles. De esa manera, toda la librería producida en las cuatro décadas iniciales del siglo XX acerca de las leyes de la percepción, fueron a parar a la basura desde que surgió el buen diseño en los objetos de uso cotidiano como forma de obtener mejores opciones de venta de los productos así presentados al mercado. Después, en el campo específico del arte, se inició la búsqueda de artistas que vanagloriasen las posibilidades del mercado: allí estuvo el Pop para ubicarse como abanderado del capitalismo y en contra de todo academicismo, basado en las obras de autores totalmente opuestos a un sistema, como los que se dedicaron a hacer los “ready made”, particularmente pienso en el orinal de Marcel Duchamp y sus otras pocas obras, todas señeras en el nuevo modo de apreciación de la belleza. Por otra parte, intervino también el pensamiento de Marx y de Engels acerca del arte, del amor libre, de la familia, etcétera. A pesar de ser una filosofía opuesta en el campo económico al capitalismo, éste tomó lo que le convino y poco a poco fue provocando mediante pequeños avances a través de los medios de difusión ciertas pautas que antes eran consideradas no permisibles a la moral, para así ir generando hábitos en los que se ha estado corriendo la apreciación de la forma y del concepto de belleza desde la apariencia hacia la emoción.

Es otra forma más por medio de la cual puede caracterizarse al proceso en el que estamos inmersos en el que todo vale, aún los que hasta hace solo unas décadas atrás eran enemigos.

THE COLONIAL STYLE

Es bastante común oír hablar del “estilo colonial” como representación del espíritu de la tradición constructiva argentina. Lejos de ello, se trata de una reducción interpretativa – propia de los catalogadores de estilos -, pues el “colonial” es la síntesis formal de un proceso completado en la Meca del Cine - California, Estados Unidos - y trasladado a nuestro medio.

Las categorías estilísticas son reducciones interpretativas producto de generalizaciones que producen deformaciones en los conocimientos ‘medios’ sobre los modos de construcción de distintos periodos históricos. Mientras tanto, han sido elaboradas para facilitar la tarea de los legos para “entender” de lo que se habla. Es muy común leer crónicas sobre edificios, a los que los adictos a la fácil verborrea, rápidamente pretenden ubicar en esas categorías estilísticas, porque de alguna manera ello aporta seguridad y confianza en el traslado de información. Lamentablemente por caer en reducciones interpretativas se llega, luego, a graves errores conceptuales.

Este ha sido el caso al hablar de estilo “colonial” en nuestro país, lo cual es erróneo ya que no existe una unidad formal que permita establecer conclusiones para definir una categoría en la que encuadrar las obras arquitectónicas construidas durante el periodo de la colonización española. Habrá que revisar detenidamente lo que hoy se entiende por “estilo colonial”, sus raíces, el origen de un recurso formal, propagandístico y los caminos entrelazados para arribar a la forma actual de ciertas construcciones, que por tener cierta antigüedad, techos cubiertos con tejas y arcadas, son mal llamadas de estilo colonial.

EL PERIODO DE LA COLONIA

La Ciudad de Córdoba formó parte de una de las colonias de los Reinos de Castilla y Aragón desde la fundación en 1573 hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata en el año de 1778. Durante ese lapso de tiempo, se hicieron construcciones de diverso tipo y usos con distinto resultado estético, ya que incidieron en sus construcciones y formas, los criterios de sus proyectistas; el bagaje conceptual de las diversas zonas de Europa de donde eran originarios. Por ejemplo, se observa y reconoce claramente la influencia de la herencia germánica en Antonio Harls, quien proyectó la iglesia de Santa Catalina con sus torres de acebollados cupulines. La influencia manierista - barroca - de Andrés Blanqui en la Catedral y en la iglesia de Santa Teresa, donde se confunden criterios de distintos proyectistas y soluciones adoptadas a lo largo de su complicada construcción – más claro es el caso de la Catedral -; donde, al aporte europeo en fachada y a su barroco interior, se le agregaron algunos detalles indigenistas como son las imágenes aborígenes de los ángeles en las esquinas de las torres de los campanarios.

En otros casos, es clara la influencia árabe en la resolución del artesonado mudéjar en el Refectorio y Sala de Profundis del Convento de San Francisco del siglo XVII.

Estas obras no demuestran una unidad formal, por el contrario son de una variedad y calidad sorprendente aún para los pocos recursos disponibles en Córdoba.

Donde sí se encuentra unidad es en el sistema constructivo empleado, que no varía demasiado desde las primeras a las últimas obras: recios muros de cal y canto combinados con tapial o adobes en algunos casos, ladrillos y bovedillas en otros. La unidad está dada por el sistema de medidas usado, que determinaba el ancho de las paredes, así como las alturas hasta el can o viga de apoyo de la estructura del techo. Otro factor importante fue la utilización de los recursos materiales del lugar: generalmente para las Carpinterías se usaban maderas de la zona para las partes resistentes como el quebracho y el algarrobo de nuestras serranías los que se usaron también para las estructuras de los techos y algunos tablados; mientras tanto, las maderas blandas, maleables como el cedro, el nogal, eran traídas de lejanos lugares como Misiones o Salta. La provisión de piedras se hacía por simple recolección en el río - tipo bola -, y de piedra de cal mármol extraídas de nuestras serranías de las canteras explotadas por los jesuitas; las cubiertas de los techos se hacían colocando el “cañizo”: un tramado de cañas colocadas una a la par de la otra, atadas con tientos, que se tendían sobre los pares de las tijeras del techo para disponer de una superficie pareja que se mejoraba con una capa de mortero a la cal y se completaba con relleno de huesos triturados y tierra para dar la pendiente final y lograr buena aislación térmica, antes de cubrir con tejas “musieras” de producción artesanal. De esta forma se lograba una superficie pareja, inclinada, que absorbía el grueso espesor de los muros. Las tejas “musleras” colocadas desde una cornisa de tres ordenes hecha con ladrillos, se disponían hasta la cumbrera. Esta fisonomía de las cubiertas de techos se puede observar todavía en las construcciones supervivientes de aquel periodo como los claustros del Convento de Santa Teresa - por ejemplo - o en la Sala de Profundis y Refectorio del Convento de San Francisco. Es notable observar que a pesar de la escasez de materiales existentes en los alrededores de la ciudad, esto no impidió construir los magníficos edificios que forman nuestro patrimonio, sin dudas el conjunto más importante de nuestro país.

Después, en el corto periodo de existencia del Virreinato se puede verificar la tendencia en su momento, expresada por el Marqués de Sobremonte, quien encargó al Ingeniero Juan Manuel López en 1786 el proyecto para la terminación de las obras del Cabildo de la Ciudad. Allí apareció la Recova, por expresa indicación del Marqués, con su arcada neoclásica “a lo Palladio” y la disposición interior de dos patios con diferente categoría, respetando la concepción claustral y dos niveles de pisos. En la planta baja gruesos pilares y arcos, mientras que en la planta alta la estructura se aligeró con columnas de ornamento clásico. En su obra se produce una novedad en la ejecución de los techos en los que no se usó ya el sistema de cubierta con tejas sino el de techo-terraza. Otro caso de este corto periodo es la culminación de las obras de la Iglesia del Convento de San Francisco, - del mismo autor -, quien le otorgó carácter neoclásico a su fachada y atrio.

Mientras tanto la arquitectura doméstica no sufrió modificaciones. No influyeron los sucesos de Mayo y posterior declaración de la Independencia.

Los primeros cambios se produjeron después de la llegada de una escasa ola inmigratoria en Buenos Aires promovida por Rivadavia. Acción que luego fue interrumpida por Rosas, en cuyo periodo de gobierno aparecieron - sin embargo -, los nuevos conceptos de la manera “a la italiana” de construir, sistema que llegó a Córdoba con algún retraso. Uno de esos testimonios lo encontramos – posiblemente el único en pie en nuestra ciudad -, en una casa existente en la esquina de calles San Jerónimo y Balcarce. Casa conocida como del “ángel”- tiene en el portal de ingreso una cabeza de ángel -, respeta aquella forma que fue muy utilizada en Buenos Aires - en la residencia de Rosas en Palermo, y otros lugares de la ciudad, de los cuales, algunos ejemplos perduran en San Telmo -. En su construcción se comenzó a desestimar el uso de gruesos muros de cal y canto, utilizando muros de mampostería, grandes ventanales a la calle, con tratamientos en los muros al ejecutar la fábrica de ladrillos para obtener terminaciones con revoques. Se obtuvieron así los detalles o guardapolvos que rodean los aventanamientos y remates con capiteles en los dinteles, embellecidos con diversos motivos geométricos. También se representó en la fachada la estructura de la casa como si ésta dependiera de los pilares, lo cual no es cierto, ya que todo el muro es el que transmite la carga. Pero esto demuestra la tendencia formal de representación neoclásica de las fachadas, a las que se agrega una fuerte cornisa a la altura de los techos y remates de muros que continúan los pilares y entre ellos rejas de dibujos simples, mientras que se colocaban otras con diseños más complejos en las ventanas así como en las puertas cancel. Se seguía utilizando el criterio de disponer las salas a la calle para alquilar como tiendas. En esos lugares se produjeron los primeros cambios en la forma de comercializar y socializar: Fue el paso de la tienda, el despacho, al almacén; de la pulpería a la confitería. Este modelo de casa se utilizó en Córdoba hasta muy avanzado el siglo XIX, y fue parte de la disputa – en este caso sobre la expresión formal -, entre conservadores y liberales. Es el caso sucedido en San José de la Dormida, pueblo del norte Cordobés, que fue fundado en 1881. En un sector del mismo, en zona céntrica se ubicó uno de los caudillos políticos del lugar y construyó su casa en una esquina. Este caudillo - conservador -, construyó su casa con el modelo del periodo Rosista. Incluso no hizo ochava y como la herrería era muy costosa o imposible de conseguir en la zona, hizo dibujar en el revoque del paño entre pilares del parapeto de remate la reja imposible de colocar. En las antípodas, el caudillo liberal, construyó su casa en otra esquina, pero con ochava y con una resolución contemporánea a los modelos “europeizados” del momento.

Mientras tanto en la Ciudad intervenían arquitectos contratados en Europa como Francisco Tamburini, autor del proyecto del Banco de Córdoba- 1887-89 -, el Teatro Rivera Indarte - 1887-90 - y el Hospital de Clínicas -1885-1913-, obras que demuestran el ecléctico criterio formal del proyectista, que será la característica de fin de siglo y las primeras décadas del siglo veinte en la arquitectura de Córdoba.

Es a partir de la primera guerra y hasta el fin de la década del veinte que se produjo la más grande ola inmigratoria en la Ciudad: el mayor porcentaje correspondió a Italianos, constructores que formaron el sector de su especialidad, mientras que los españoles - segundos en cantidad de inmigrantes, aunque habían comenzado a llegar a la ciudad a mediados del siglo XIX -, se dedicaron al comercio, las actividades bancarias, negocios inmobiliarios como Augusto López(Pueblo General Paz 1970); Garzón Agulla (Pueblo San Vicente 1971) ó Heriberto Martínez Martinoli ( Villa Argüello 1917-1924-1932.

La mirada estaba puesta en Francia y París era el modelo a imitar. Es el caso de Miguel Crisol que urbanizó el Pueblo Nuevo bajo criterios de L’école de Beaux arts y de Haussman, tomó las plazas como nudos de un eje con forma de bulevar. Después se contrató al arquitecto francés radicado en Buenos Aires Charles Thays para proyectar el Parque. El conjunto se fue embelleciendo con las residencias a la francesa en los sectores aledaños a la Plaza España. En este periodo se perdió de vista la forma de construir “a lo colonial” ya que desde la llegada del ferrocarril, las posibilidades de conseguir materiales de construcción modernos fueron mayores, entonces, predominó el criterio liberal que consideraba a lo colonial como signo de atraso.

El cine, la mirada puesta en Estados Unidos

El desarrollo en el ámbito mundial de las comunicaciones facilitó la disponibilidad de información a nivel general y especializado, esto posibilitó, mediante revistas y folletines provenientes de Francia, Inglaterra, EE.UU., estar al tanto de los últimos acontecimientos y particularmente de los sucesos relacionados al cine, industria que se había expandido notablemente y gozaba de la preferencia popular.

California comenzó a conocerse no solo por ser el lugar donde se hacían las películas sino también porque allí vivían las estrellas de cine, de quienes se pretendía conocer todo, sus residencias, así como los edificios de las empresas cinematográficas donde trabajaban - la Paramount pictures construyó una fachada de neto carácter “neocolonial”. Así se pudieron observar edificaciones que sus autores ofrecían como de “estilo español” en referencia a la utilización de un variado repertorio formal reunido por estudiosos americanistas que habían comenzado a desarrollar una propuesta “nacional” en distintos países de Latinoamérica - en el nuestro Ángel Guido, Martín Noel. En Córdoba Juan Kronfuss -, formas que fueron combinadas con algunos ejemplos de anteriores residentes de California, así como de los escenarios imaginados por los artistas de la industria del cine. Es sabido que Hollywood siempre apuntó al gusto medio y ha sido el formador del imaginario popular y mediante este poderoso medio de difusión propagandístico, se difundió el modo de vida americano.

De esta combinación, y con la disputa siempre presente entre conservadores y liberales que se había agudizado en la medida en que avanzaba el liberalismo que comenzó a utilizar a la obra pública como bandera política, se estableció una disputa entre los profesionales que hacían una crítica a la dependencia europea y una búsqueda de raíces nacionales, apoyada en la postura de otros arquitectos latinoamericanos que se enrolaron en el “neocolonial” como propuesta formal arquitectónica regional, aparecieron en Buenos Aires las primeras obras de este tipo, de la mano - entre otros - de un profesional que tuvo que ver en la disputa teórica: El arquitecto Martín Noel que -contradictoriamente había comenzado junto a otros a registrar el patrimonio nacional e iniciar los debates sobre él -proyectó diversas obras en la ciudad que hasta hoy día es posible visitar, como su casa, la de Enrique Rodríguez Larreta y otras en la provincia como “las casas” de la estancia “Acelain” (1922), donde expuso una combinación de neocolonial arequipeño (Arequipa, Perú) con patio granadino. Se agudizó en el imaginario popular en nuestro medio esa forma de resolución de las fachadas a lo “neocolonial” pero visto por ojo de escenógrafo Californiano, la que fue desarrollada por los mejores profesionales de la Ciudad y fue propaganda de “identidad nacional” a partir de la construcción de los primeros ejemplos. Esto podría explicar el porqué de los cambios tan rotundos en profesionales de la arquitectura como Ángel T. Lo Celso o Jaime Roca, quienes tuvieron un periodo de proyectación acorde con el movimiento moderno y el Art Decó en el caso de Lo Celso y luego se dedicaron a lo neocolonial - Colegio Monserrat en el caso de Roca, vertiente arequipeña, y diversas obras de Lo Celso. Este tipo de expresión se expandió por la ciudad a partir de la década del 30, y junto a quienes venían pregonando por una arquitectura nacional, terminaron por adherir a esta forma de resolución “neocolonial” para su expresión. Lo curioso es que la resolución formal no implicó cambios tipológicos, pues se trataba de una resolución escenográfica. Más adelante, durante los gobiernos de Juan Domingo Perón, de acuerdo a su política de nacionalización y de continuo fortalecimiento del Estado, se pretendió profundizar el punto de vista “nacional” en las propuestas arquitectónicas que ejecutó. Un claro ejemplo es el caso de la Ciudad Universitaria de la Ciudad de Córdoba, que originariamente pertenecía a la Fundación Eva Perón y que había sido diseñada - 1949-50 - con una serie de pabellones con formas que representaban a distintos países, ya que fueron pensados para el alojamiento de estudiantes que se suponía vendrían de dichas regiones a estudiar a Córdoba. El resultado fue que el plan general se basó en un eje monumental o “Via Imperialis” - Avenida Argentina con la terminación en el Pabellón Principal, el pabellón Argentina: Un recurso de arquitectura al uso de Via Imperial – característico de Mussolini, mientras que los pabellones ubicados en distintos lugares, con un orden aleatorio, representaban a los países: México, de estilo neocolonial como explicamos “a la californiana”, tuvo como autor al arquitecto Ángel T. Lo Celso -c. 1950 -, - se destaca la resolución de su patio con cierto aire español, pero que no escapa a lo anecdótico; el Residencial, neoclásico con mansardas, y el resto eclécticos. La adhesión a la arquitectura del nacional socialismo estuvo también presente en otras obras en el país como el Monumento a la bandera en Rosario, proyecto del arquitecto Alejandro Bustillo.

En cuanto a la arquitectura doméstica se continuó con el debate acerca de las instancias para la formación de una arquitectura nacional, sin embargo, el Estado siguió produciendo ejemplos del neocolonial, trató de imponerlo, como el singular caso de la escuela Garzón Agulla de barrio General Paz, en la ciudad de Córdoba. Su singularidad surge de la actitud asumida ya que fue llamado a concurso su proyecto, siendo elegido por el jurado una propuesta claramente adherente al movimiento moderno cuyo autor fue el arquitecto Nicolás Juárez Cáceres, sin embargo no estaba en el gusto de lo que correspondía o pretendía el Estado expresar, por lo tanto se realizó una propuesta “neocolonial” a cargo del ingeniero Julio Barraco -1943 -. Lo cual es significativo acerca de lo escenográfico de la resolución, pues la planta del edificio no se modificó. Algo parecido había sucedido con anterioridad, en el Concurso para el Palacio de Tribunales donde los proyectistas debían presentar propuestas en neocolonial y otras variantes, sin embargo allí se eligió y ejecutó la oferta neoclásica de los arquitectos José Hortal y Salvador Godoy -1927,1936 -.Sin lugar a dudas que en todo este periodo ocurrió algo que venía ya sucediendo en otros países latinoamericanos donde se hacían propuestas similares, debido a la situación general del mundo en donde se había establecido una corriente de fortalecimiento Estatal que, luego de la primera guerra mundial y la crisis del liberalismo, será aprovechada por los sectores conservadores, que adhirieron al nacional socialismo y sus propuestas formales en arquitectura.[1]

Hay que destacar aquí, que para la ciudad de Córdoba fue muy importante la presencia del Brigadier Juan Ignacio San Martín 1949-1951, quien supo otorgarle gran dinámica al desarrollo industrial lo cual generó importantísimo crecimiento de la ciudad. El sector industrial metal mecánico fue promovido favoreciendo la radicación fabril de industrias estatales que generaron particular polo de desarrollo que produjo una gran ola inmigratoria interna. Se construyó el barrio aeronáutico que fue proyectado con una síntesis formal más cercana con nuestro patrimonio, desechando el “neocolonial californiano”. Este será el paso de síntesis hacia el posterior “estilo colonial” de las propuestas residenciales. En el otro extremo de la Arquitectura doméstica, se tomaron los criterios que surgían de la mirada puesta en ese momento en Estados Unidos. Comenzaron a aparecer los barrios como los suburbios de los centros de las ciudades del país del norte: un plan urbanizador con lotes amplios o no, según la oportunidad y voracidad comercial, para viviendas ubicadas con retiro verde y donde prevaleció la construcción de “chalets”, que fueron apoyados por la definición de un Código de Edificación para el desarrollo de ese tipo de ciudad -, en los que se fueron observando las tendencias en boga. El apoyo a un desarrollo de “una tercera posición” peronista, negaba en teoría a los modelos del capitalismo y del comunismo, lo que impidió otra vez más el desarrollo de un capitalismo abierto de fronteras y tal como sucediera en los países europeos ligados al nacional socialismo, retrasó el desarrollo de expresiones de la arquitectura del movimiento moderno. Más tarde aparecieron algunas propuestas innovadoras, que se conocen como del periodo de las “casas blancas” a fines de los cincuenta y avanzada la década de los sesenta- uno de los escasos productos de valor regional en la arquitectura de Córdoba -. Mientras tanto, aquel neocolonial y el colonial, se fue sintetizando más en sus formas debido a las posibilidades constructivas de los materiales y respetando su origen escenográfico, lo que produjo una arquitectura de tipo residencial que se difundió como “estilo colonial”, porque se había efectuado una síntesis un poco mas acercada en base a los modelos de Córdoba, sin embargo, no respetó en absoluto lo que significa el modo de construir del periodo de la Colonia, que como hemos visto es un sistema constructivo bien definido y no una respuesta escenográfica. Triunfó el criterio ya banal, ya efímero al que se habían familiarizado tanto los comitentes como los proyectistas.

Extracto del libro inédito La construcción de la Ciudad de Córdoba. © Gustavo Antonio Ceballos 2003.



[1] Esta posición ultra conservadora, fue recogida del intento de acercamiento que había propuesto el Canciller Español de la época, don Segismundo Moret, quien impuso su tesis acerca de la idea de “la madre patria”, y de la entrañable relación de España con América Ibérica, por ser “de una misma raza, religión, lengua y tradición”. Aunque en el campo político no le fue de mucha utilidad, esta posición sirvió a los sectores de descendientes españoles que pretendieron quedar ligados por su “pureza de sangre” con la monarquía española. De este razonamiento clasista, aristocrático, se fortaleció un segmento ultra conservador que tuvo mucha relación por medio de los gobiernos de Castillo y Ortiz, con el “Generalísimo” Franco en otros años y con el acercamiento de estas personas con la manera de construir “a la española”, así como la de los profesionales locales en justificar a cierta arquitectura de antecedentes españoles con algunos rasgos exteriores indígenas para hablar de una Arquitectura colonial en función de tratar de establecer una identidad en la arquitectura Argentina. Ellos moldearon ese “neocolonial” que solo tenía el pretexto formal, escenográfico de California y de su gran fábrica de ilusiones que ha sido Hollywood.